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SALUD

Entrevista CINME: qué es y cómo se trata la dermatitis atópica

La Subinvestigadora de CINME Ianina Massimo dio detalles de esta enfermedad inflamatoria y crónica.

Dra. Ianina Massimo - Subinvestigadora CINME

Con el fin de crear conciencia, comprensión y promover su atención, en septiembre, más precisamente el 14, se celebró el Día Mundial de la Dermatitis Atópica. Si bien no es una enfermedad que ponga en peligro la vida, sí afecta la calidad de la misma a quien la padece. Pero, ¿de qué se trata? “Es una enfermedad inflamatoria. La inflamación es ese calor, que se pone roja la piel y se hincha. Y esa inflamación no es aguda sino que es crónica. O sea que va a durar meses y a veces años”, comenzó explicando la especialista del Centro de Investigaciones Metabólicas, a RL 18 “El Regreso de Radio Latina”. Esta enfermedad genera una picazón casi insoportable en quienes la padecen. “Es el criterio fundamental inicial y característica que no falta nunca en ningún paciente. Pica de día y de noche, es insoportable para los pacientes y pica a veces aunque no haya lesiones cutáneas visibles. No se puede entender y genera frustración. Nosotros terminamos un tratamiento, paramos esa inflamación, se termina el rojo, ese edema, esa hinchazón, pero sigue apareciendo la picazón”, detalló la Dra. Massimo, quien contó que esta enfermedad también altera el sueño: “los pacientes se despiertan de noche. Cuando son chiquitos las sábanas están ensangrentadas a veces por lo que se rascan”.

¿A quiénes afecta la dermatitis atópica? “Esto le pasa a todos. Se puede ver más en niños que en adultos pero en realidad es una característica con la que uno va a nacer genéticamente. También hay un ambiente psicoemocional que se va a ir desarrollando y además un ambiente social, el lugar donde uno vive que tiene que ver con contaminación, que eso es lo que va a hacer que se vaya a producir la dermatitis atópica en una persona. Esa persona la va a poder presentar en forma clínica o no, expresarla con lesiones cutáneas o no, toda la vida. La vamos a ver en niños y en adultos, lo que pasa que en adultos capaz que no vemos las lesiones clínicas porque está en forma latente”, detalló la especialista.

Consultada sobre si el estrés podía ser un desencadenante, la Dra. Massimo aseguró que efectivamente tiene que ver con “el estrés de la ciudad y de la persona. Es una enfermedad que se ve en las urbes. Hay trabajos que han demostrado un 15 o 20% de frecuencia en la ciudad contra un 1% en el campo. Tiene que ver con la vida en la ciudad. Para un chico es una jornada de 8 horas, igual que la de un adulto, sin exposición solar ya que no tiene vida al aire libre como teníamos en mi infancia. La vida al aire libre con el sol y con el aire la mejoran. A su vez el estrés, porque ellos están sometidos a estas 8 horas laborales, como se dice de estudio, y llegan a casa a un ambiente familiar agotado”.

Por otro lado, explicó que se trata de una enfermedad no contagiosa, pero que “el antecedente familiar es parte de los criterios diagnósticos”. “El familiar de primer grado, mamá, papá o hermanos que pueden tener no solamente dermatitis atópica sino que pueden tener antecedentes de atopia como asma, rinitis alérgica o también se relaciona a alergias alimentarias. Pero el hecho de que uno tenga el antecedente no significa que exprese la enfermedad”, detalló.

Tratamientos
“No hay una vacuna contra la dermatitis atópica pero si múltiples herramientas terapéuticas -aseguró la especialista de CINME -. La primera es la educación de la familia, el trabajo conjunto. Es un cambio de hábitos, aprender a vivir con esta enfermedad que no es más que una característica. Son cosas que uno tiene que aprender a educarse en cuanto a los detonantes, que muchas veces es un color de ropa o un material, como el polar o la lana, un jabón de lavar, un jabón con el que se bañan... Entonces aprender a quitar todos esos detonantes”.

También desde el lado de la medicina hay múltiples tratamientos: “El principal es el cuidado de la barrera cutánea porque muchos de estos chicos tienen la característica de una piel extremadamente seca. Entonces hay que humectarla. Y por otro lado tratar el prurito, que es el síntoma cardinal, con antipruriginosos y después hay una batería de tratamientos que tienden a modular la respuesta inflamatoria, que los vamos a elegir de acuerdo a la gravedad, a la edad del paciente y a la evidencia probada. Hay medicaciones un poquito más avanzadas, que estamos investigando incluso, que dan respuesta a las formas más severas. Pero la mayoría se mejoran con medidas sencillas”.

Sobre el tipo de prendas de vestir para los pacientes, la Doctora aconsejó que “en contacto con la piel directa sea ropa de algodón, con colores claros o no color, o sea no usar ninguna tintura sobre la piel. Evitar la lana… con los uniformes escolares vemos tremendas dermatitis en las piernas. Evitar el nylon, el polar”. También recomendó “lavarla bien y hacer doble enjuague. No usar suavizantes y usar poco jabón para disminuir todo lo que es irritante a la piel”.

Finalmente habló sobre los importantes tratamientos que hay en CINME para esta enfermedad: “Nosotros estamos investigando medicación que va a interferir intracelularmente en la vida de desarrollo de la dermatitis atópica. Es avanzadísimo. Hay que imaginar, por ejemplo, una llave con una cerradura. La llave sería un disparador que activa una señal dentro de una célula y se dispara una cascada de señales que van a generar la inflamación. Entonces lo primero es sacar la llave. Esos son los primeros tratamientos que tenemos. Pero cuando sacamos la llave, sacamos indiscriminadamente muchas llaves. Lo que uno va a buscar es sacar un lugar puntual de una cerradura o de una vía dentro de las células para que no se exprese eso. Es muy específico. Se llaman tratamientos de precisión”. A la vez que están buscando identificar el genotipo genético inmunológico de los pacientes. “No todos los pacientes que tienen dermatitis atópica tienen las mismas vías señalizándose. Entonces una vez que yo identifico el día de mañana qué genotipo tiene este paciente, yo voy a saber que medicación le tengo que dar puntual para no estar sobremedicando otras vías que no están activadas”, concluyó.

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Kicillof inauguró la nueva sala de tomografía del Hospital “Dr. Oscar Alende” de Mar del Plata

“Hay solo tres tomógrafos con esta tecnología en todo Latinoamérica”, destacó el gobernador.

27/02/2026

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, encabezó este viernes la inauguración de la sala que alberga el nuevo tomógrafo entregado en diciembre al Hospital Interzonal General de Agudos Dr. Oscar Alende de Mar del Plata. En tanto, el ministro de Salud, Nicolás Kreplak, recorrió el Hospital Materno Infantil Don Victorino Tetamanti, donde también se está instalando un nuevo tomógrafo que estará pronto en funcionamiento. Con una inversión total de US$1.418.000, estos equipos permiten resolver diagnósticos dentro de la institución, evitando derivaciones y tiempos de espera para los pacientes.

Al respecto, Kicillof remarcó: “Hicimos una inversión muy grande para traer equipamiento de primer nivel a este hospital, hay solo tres tomógrafos con esta tecnología en todo Latinoamérica: este equipamiento nos permite brindar nuevas prestaciones para salvar o mejorar vidas”.

“Aunque el Gobierno de Javier Milei nos asfixie y nos haya quitado ilegalmente recursos por más de $15 billones, en la Provincia vamos a seguir haciendo nuestro máximo esfuerzo para mejorar la calidad de la salud pública bonaerense”, concluyó.

Asimismo, el Gobernador inauguró la segunda farmacia exclusiva para el personal de la Policía de la provincia. La misma alcanza a agentes en actividad, retirados, pensionados y su grupo familiar; y ofrece descuentos adicionales a IOMA.

Participaron de las actividades los ministros de Gobierno, Carlos Bianco; de Trabajo, Walter Correa; de Desarrollo Agrario, Javier Rodríguez; el director ejecutivo de ARBA, Cristian Girard; el jefe de la Policía provincial, Javier Villar; las subsecretarias de Promoción de la Salud y el Bienestar Policial, Agustina Baudino; de Turismo, Soledad Martínez; su par de Articulación Institucional del Ministerio de Seguridad, Eduardo Aparicio; el senador provincial Jorge Paredi; los intendentes de General Alvarado, Sebastián Ianantuony; de Mar Chiquita, Walter Wischnivetzky; el director ejecutivo del HIGA, Matías Tártara; y la secretaria general de SADOP, Adriana Donzelli.

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SALUD

Desigualdad en salud: el desafío estructural de la Argentina

OPINIÓN de Santiago Quintana, Sociólogo especializado en salud pública.

19/02/2026

Por Santiago Quintana, Sociólogo y Magister en Sistemas de Salud*

En la actualidad, la Argentina enfrenta un problema estructural que trasciende las coyunturas políticas y económicas, y que tiene un impacto directo en la vida de millones de personas: la desigualdad en salud. Aunque la cobertura sanitaria parece estar garantizada por un sistema que ofrece acceso a la salud para todos, la realidad es que el acceso real y efectivo a los servicios de salud está lejos de ser equitativo. En este contexto, surgen dos términos fundamentales que conviene diferenciar: inequidad en salud e inequidad sanitaria.

La inequidad en salud refiere a las disparidades en el estado de salud entre distintos grupos sociales, territoriales y económicos. Estas diferencias, en su mayoría, son evitables y, por lo tanto, injustas. Mientras tanto, la inequidad sanitaria se refiere a las desigualdades en el acceso y en la calidad de los servicios sanitarios disponibles. Ambas se entrelazan y forman el núcleo del problema que afecta a gran parte de la población argentina, principalmente a los sectores más vulnerables.

La brecha mortal

Uno de los datos más impactantes que ilustra esta desigualdad es la tasa de mortalidad infantil. En el norte del país, la tasa de mortalidad infantil es considerablemente más alta que en el sur. Según los últimos informes del Ministerio de Salud de la Nación, las provincias del norte, como Chaco, Formosa y Misiones, presentan tasas de mortalidad infantil que duplican a las de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y otras provincias del sur. En 2021, la tasa de mortalidad infantil en provincias como Formosa alcanzó los 15,2 por mil nacidos vivos, mientras que en la CABA fue de 6,1 por mil. Esta disparidad refleja, en primer lugar, la desigualdad en el acceso a servicios de salud de calidad.

Determinantes sociales de la salud

Los determinantes sociales juegan un papel crucial en la desigualdad en salud. La pobreza, la falta de educación y la exclusión social son factores clave que limitan el acceso a atención médica adecuada. En zonas rurales o en áreas con alta concentración de población vulnerable, la carencia de infraestructura sanitaria y la baja distribución de profesionales médicos se traduce en una desigualdad territorial en el acceso a los servicios. A pesar de los esfuerzos del gobierno por incrementar el acceso a la salud a través del programa de cobertura universal, la distribución desigual de médicos y centros de atención continúa siendo un desafío significativo.

Según datos del Censo 2022, el número de médicos en las provincias del norte es considerablemente inferior al de las provincias del centro y sur. En provincias como Salta o Jujuy, la densidad de médicos es de apenas 1,2 por cada 1.000 habitantes, mientras que en CABA alcanza los 5,6 por cada 1.000. Esto no solo refleja una inequidad en la distribución de los recursos humanos, sino también una inequidad en los resultados de salud. En estas provincias, los índices de enfermedades crónicas no transmisibles como diabetes e hipertensión son significativamente más altos, debido en parte a la falta de diagnóstico precoz y de tratamiento oportuno.

La pobreza y la salud

La pobreza es otro de los determinantes que más impacta en la desigualdad en salud. En el país, el 25,7% de la población vive por debajo de la línea de pobreza, según datos del INDEC. Esta población enfrenta grandes dificultades para acceder a servicios de salud, no solo por la falta de infraestructura, sino también por los costos asociados al tratamiento médico, los medicamentos y los traslados a centros especializados. Esto genera un círculo vicioso en el que las personas más vulnerables terminan siendo las más afectadas por la mala salud, sin la posibilidad de mejorar su situación debido a la falta de acceso a servicios médicos adecuados.

La inequidad territorial en el acceso

Uno de los aspectos más alarmantes de la desigualdad en salud es la inequidad territorial en el acceso a la atención médica. En las provincias del norte y en áreas rurales, la distancia geográfica, la falta de transporte adecuado y la escasa oferta de atención primaria generan enormes dificultades para los pacientes. En algunas zonas, los pacientes deben viajar decenas de kilómetros para recibir atención médica, una barrera que se traduce en diagnósticos tardíos, mayor morbilidad y, en muchos casos, muertes evitables.

Por otro lado, la desigualdad en el acceso a establecimientos sanitarios se profundiza con la falta de hospitales, centros de salud y equipos médicos de alta complejidad en estas regiones. Mientras en Buenos Aires y otras grandes ciudades existen hospitales de alta especialización y centros médicos bien equipados, las provincias del norte aún luchan por contar con lo mínimo imprescindible. Esta inequidad sanitaria se vuelve más evidente cuando se observa la escasa cobertura de los programas de salud pública en zonas rurales y la falta de médicos especialistas en áreas críticas como la salud materna, neonatal y pediátrica.

Desigualdad de género y acceso a la salud

Un aspecto que no puede dejarse de lado es la desigualdad de género en el acceso a la salud. Las mujeres, especialmente aquellas en situación de vulnerabilidad, enfrentan barreras adicionales en su acceso a servicios médicos. La salud sexual y reproductiva sigue siendo un tema pendiente en muchas zonas del país, con una escasa oferta de servicios adecuados para prevenir embarazos no deseados, garantizar partos seguros y ofrecer atención postnatal. Esto se agrava en contextos de pobreza y exclusión social, donde las mujeres tienen menos poder de decisión sobre su salud y menor acceso a la información y a los recursos sanitarios.

¿Qué hacer frente a la desigualdad en salud?

La desigualdad en salud es el principal desafío sanitario de la Argentina. Para combatirla es necesario un enfoque integral que contemple no solo la ampliación de la cobertura sanitaria, sino también la mejora en la distribución de los recursos humanos y la infraestructura sanitaria. Es imperativo invertir en atención primaria de la salud en todas las regiones, con un enfoque especial en el norte del país y en las zonas rurales, y fortalecer los sistemas de salud pública para garantizar que las personas más vulnerables reciban atención de calidad. Además, se deben implementar políticas que aborden los determinantes sociales de la salud, como la pobreza y la educación, que son factores clave en la perpetuación de estas desigualdades.

La salud es un derecho, no un privilegio. Combatir la desigualdad en salud no solo es un imperativo moral, sino también una necesidad para construir una sociedad más justa, equitativa y saludable para todos.

* Santiago Quintana es Sociólogo y Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social. Se dedica íntegramente a la promoción, desarrollo e implementación de políticas públicas en salud. Es autor de los libros "Crónicas de lucha; mujeres y hombres que revolucionaron la legislación sanitaria argentina", “Crónicas de Lucha II – historias que revolucionaron la legislación sanitaria argentina” y "CÓDIGO POSTAL; Dime dónde naciste y te diré qué salud tienes, la inmoral inequidad sanitaria porteña".

 

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SALUD

Una reforma laboral que toca el corazón del sistema de salud

OPINIÓN de Santiago Quintana, Sociólogo especializado en salud pública.

21/01/2026

Por Santiago Quintana, Sociólogo y Magister en Sistemas de Salud*

En el debate público sobre la reforma laboral suele hablarse de empleo, costos y competitividad. Mucho menos visible —aunque no menos relevante— es lo que ocurre cuando una modificación aparentemente menor impacta de lleno en el financiamiento del sistema de salud. Eso es exactamente lo que sucede con el artículo que reduce el aporte patronal destinado a las obras sociales del 6% al 5%.

¿Qué dice ese artículo y por qué importa?

El artículo en cuestión modifica la ley reduciendo en un punto porcentual la contribución que los empleadores deben hacer al sistema de obras sociales, pasando del 6% al 5% de la remuneración de cada trabajador. Ese aporte, junto con el aporte trabajador del 3%, conforma el financiamiento básico de las obras sociales sindicales, que representan la cobertura de salud de millones de trabajadores y sus familias. 

Los promotores de la reforma sostienen que esta reducción alivia el “costo laboral” y promueve la formalización del empleo. Pero incluso ellos reconocen implícitamente que ese punto tiene efectos significativos sobre el flujo de recursos del sistema.

Datos duros: ¿cuánto significa un punto?

La magnitud del impacto económico no es menor:

  • Según estimaciones sindicales, esta reducción implicaría una pérdida mensual cercana a los $16.500 millones solo para el Fondo Solidario de Redistribución (FSR) —el mecanismo que compensa entre obras sociales de mayor y menor recaudación— y hasta unos $90.000 millones mensuales para el conjunto de las obras sociales si se suman todas las caídas de aportes. En total, el recorte podría superar los $100.000 millones al mes.
  • Asociado a estas cifras, un informe de la CGT estima que la pérdida anual para el sistema sería de entre 679 y 700 millones de dólares, lo que equivale a aproximadamente el 0,1% del Producto Bruto Interno (PBI).
  • Otros análisis proyectan que si se toma como referencia el salario promedio informado por el SIPA, la caída anual de ingresos por esta medida —sumada a otras modificaciones laborales— podría rondar los USD 1.000 millones solo por la parte destinada a obras sociales.

Estas cifras no son abstracciones contables: son recursos que hoy se usan para pagar prestaciones médicas, tratamientos de alta complejidad, medicamentos, salarios administrativos, prestaciones de discapacidad y convenios con prestadores de salud.

Ejemplos concretos del impacto

Para dimensionar lo que significa este ajuste:

  • El Fondo Solidario de Redistribución (FSR) es clave para que obras sociales pequeñas, con pocos aportantes, puedan cubrir prestaciones de alto costo o servicios en zonas de menor recaudación. Una caída de $16.500 millones por mes en ese fondo puede traducirse en suspensiones o reducciones de prestaciones críticas en esas obras sociales.
  • Si se generaliza una caída de casi $100.000 millones por mes en ingresos totales, algunas obras sociales podrían encontrarse obligadas a recortar prestaciones o trasladar cargas a los afiliados, como mayores copagos o restricciones en autorizaciones, para equilibrar sus cuentas.
  • En un contexto de inflación y aumento sostenido de los costos de tratamientos y medicamentos, menos recursos por afiliado puede significar menor acceso a atención de calidad, especialmente para prestaciones de alta tecnología o tratamientos crónicos, que son crecientes.

¿Quién paga el costo del “alivio” patronal?

Una pregunta clave atraviesa este debate: si el sistema recibe menos recursos, ¿quién absorbe la diferencia?

Las opciones no son mágicas:

  • Podría traducirse en menor cobertura o mayores trabas administrativas dentro de las obras sociales.
  • Podría implicar un traslado del costo al sector público de salud, que ya funciona al límite.
  • Podría derivar en copagos más altos o restricciones de acceso para los afiliados.

En todos los escenarios, el costo tiende a recaer sobre los trabajadores, las familias y los municipios y provincias que sostienen el sistema sanitario público.

¿Reforma laboral o reforma del sistema de salud?

El problema de fondo no es que el sistema de obras sociales no necesite cambios estructurales —los necesita, desde su fragmentación hasta su vínculo con la informalidad laboral. Pero una cosa es reformar con una mirada integral, y otra muy distinta es desfinanciar una pieza clave sin un plan de compensación, mecanismos alternativos de financiamiento o mecanismos de protección de la cobertura.

Reducir el financiamiento sin una estrategia clara de ajuste integral equivale a intervenir una pieza central del sistema sin mirar el tablero completo. Y cuando se trata de salud, las decisiones “técnicas” no se pagan con balances contables: se pagan con el acceso efectivo a la atención de millones de personas.

Hacia un debate informado y democrático

La salud no es un gasto más ni un costo laboral accesorio. Es un derecho social y un componente esencial del contrato social argentino. Por eso, cualquier modificación que afecte su financiamiento debería darse en un debate amplio, transparente y basado en evidencia.

Reducir un punto porcentual puede parecer poco en una planilla, pero en un sistema que atiende a más de la mitad de la población, ese punto tiene nombre, rostro y consecuencias concretas. Y esas consecuencias deben ser discutidas, no solo entre tecnócratas, sino con la sociedad entera.

* Santiago Quintana es Sociólogo y Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social. Se dedica íntegramente a la promoción, desarrollo e implementación de políticas públicas en salud. Es autor de los libros "Crónicas de lucha; mujeres y hombres que revolucionaron la legislación sanitaria argentina", “Crónicas de Lucha II – historias que revolucionaron la legislación sanitaria argentina” y "CÓDIGO POSTAL; Dime dónde naciste y te diré qué salud tienes, la inmoral inequidad sanitaria porteña".

 

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