SALUD
Electrodependientes: cuando un corte de luz puede significar la muerte
OPINIÓN de Santiago Quintana, Sociólogo especializado en salud pública.
Por Santiago Quintana, Sociólogo especializado en salud pública*
Algunos fanáticos de la astrología sostienen que para saber cómo será el año venidero basta con analizar cómo ha sido el primer día del año. Si nos guiamos por esa premisa, este 2023 empezó con cortocircuitos. O mejor dicho con apagones. A las 00:23 mientras los argentinos aún brindaban por el recambio de almanaque, un corte de luz afectó a 189 mil usuarios de la Ciudad de Buenos Aires. Edesur, la empresa suministradora, alegó un desperfecto en la red de alta tensión.
Comenzar 2023 con el pie izquierdo traería coletazos sostenidos en la primera parte del año. Sobre todo en marzo: el mes que detonó la térmica.
El primer día del mes, literalmente medio país quedó sin luz. En otras palabras, más de 20 millones de argentinos. El apagón se extendió por el AMBA y nueve provincias. La razón: un incendio en la línea Campana Rodríguez, un desenganche de Atucha I y otras centrales eléctricas. La noticia fue tan dramática que hasta incluso llegó a los medios internacionales. Para salir del apuro, el gobierno pidió a la Justicia investigar si fue o no un atentado. Pero todo quedó en un tibio compromiso.
Días más tarde, mientras la sensación térmica en Buenos Aires escalaba los 42°, 160 mil usuarios del AMBA se quedaron nuevamente sin luz en el peor momento de calor. Sin luz y, por ende, sin ventiladores, aires acondicionados, sin ascensores, teniendo que subir eternas escaleras hasta sus departamentos.
Una semana después, a otro récord de altas temperaturas, le siguió otro corte: esta vez perjudicó a 2,2 millones de hogares en Capital y el Gran Buenos Aires.
Las empresas de suministro eléctrico le adjudicaron la sucesión de cortes al pico de consumo histórico de marzo. Pero la explicación tuvo sabor a poco.
Los constantes cortes provocaron manifestaciones en las calles y la decisión del gobierno de denunciar penalmente a las empresas por la precariedad del servicio y las reiteradas interrupciones que provocaron millonarias pérdidas de mercaderías, suspensiones de servicios y toda clase de contratiempos.
Además, dejó en evidencia la dura realidad de los barrios más vulnerables que durante la noche se convirtieron en bocas de lobo y durante el día en un infierno. Sumado a la adversidad de los robos diarios, los postes que se derrumban y las calles que se perforan, ahora se sumaba la oscuridad total.
Más allá del impacto imaginable de todo apagón, los medios pasaron por alto otro contratiempo vital que la mayoría de las veces nadie tiene en cuenta: a los electrodependientes. Personas a quienes un corte de luz no les afecta en su mercadería o en su transporte público. No les afecta si tienen el aire acondicionado encendido o no. Les afecta en -ni más ni menos- su propia vida.
Existe una ley, relativamente nueva, que los ampara: aprobada por el Senado en abril del 2017, la Ley Nro 27.351. Allí se abrió un registro para personas electrodependientes y a ellos el Estado les otorga el servicio eléctrico sin costo y garantiza el suministro eléctrico en los hogares donde vive un electrodependiente, con entrega de grupos electrógenos para preservarlos de todo corte.
La vida de quien impulsó la ley, Mauro Stefanizzi, es digna de ser narrada para comprender por dentro el drama de que el suministro eléctrico sea algo literalmente vital.

A la semana 27 del embarazo de su pareja, María Heriman, les dieron una noticia brutal: dos de las tres arterias de la placenta estaban obstruidas. Eso quería decir que a su a hijo Joaquín le llegaba poco oxígeno y casi nada de alimento. Si querían salvarlo, le advirtieron los médicos, necesitaban sacarlo del vientre.
Fue complejo. Al nacer estuvo sin vida y debieron dedicarle 40 minutos de reanimación hasta estabilizarlo. Pesaba 780 gramos y medía 33 centímetros.
Joaquín, dado su nacimiento prematuro, tenía una falla en su corazón, una cardiopatía congénita -“ductus arterioso persistente”, para ser más precisos-. A poco de nacer, debieron operarlo para intentar reparar el corazón.
El calvario continuó. El 20 de mayo le detectaron una peritonitis y tuvo que volver al quirófano. “Su hijo tenía una brida congénita intestinal. Tuvimos que cortar el intestino y realizamos una conexión quirúrgica. Esa parte quedó atrofiada”, les avisaron. Saltaron de alegría cuando, unos días después, llegó su primera deposición, su digestión se normalizaba.
Sin embargo, el 27 de mayo Maira llamó a Mauro al trabajo con otra urgencia: era necesaria una tercera operación; la peritonitis no le daba descanso. El resultado de la intervención volvió a ser positivo pero las malas noticias siguieron llegando. Los problemas pulmonares y de intestino derivaron en una falla grave en su visión. “Un gran porcentaje de los bebés que nacen antes de lo esperado padecen la ‘retinopatía del prematuro’”, les contaron, en forma de consuelo. Comenzaron a tratarlo con una oftalmóloga y ella les explicaba que la falta de oxigenación perjudicaba el poder de su vista. El problema era que para operarlo iba a necesitar anestesia total.
El bebé sumó más operaciones hasta que lograron llevarlo al hogar pero les advirtieron que necesitaba estar conectado 24 horas a un aparato que le suministraba oxígeno a través de una cánula.
Jamás imaginaron que el calvario continuaría producto de una mala costumbre argentina: los cortes de luz. Sin luz, Joaquín podía morir en cuestión de horas. Así que, tras el primer corte, los padres corrieron junto a todos los aparatos a casa de un familiar para volverlo a conectar y descubrieron que la vida ya no era posible así. Mauro, mientras Maira se dedicaba full time al hijo, decidió hacer algo.
Presentaron un recurso de amparo. Luego contactaron a legisladores y a los medios. El tema escaló en repercusión y llegó incluso al pico de rating del programa de Marcelo Tinelli, quien contó la historia de Joaquín y pidió sacar pronto una ley que protegiera a los electrodependientes.

El reclamo se convirtió en ley. Pero, aún así, la historia no acaba allí. Un niño llamado Valentino, a un año de aprobada la ley, murió en junio de 2018 durante un corte de luz.
“Fuimos conociendo a muchos padres, había unos a la vuelta de casa que si no fuera por todo esto jamás los habríamos conocido”, contó Mauro a quien escribe estas líneas. “A todos nos pasa más o menos lo mismo: uno se pregunta por qué a mí, pensás que estás solo en el mundo, que sos uno en treinta millones y te encerrás. Después entendimos que somos un montón. Armamos una red solidaria, nos prestamos insumos, medicamentos que no necesitamos más”.
Hoy, Mauro Stefanizzi es presidente de la Asociación Argentina de Electrodependientes y vela para que las empresas de suministro eléctrico no conviertan las vidas que están en juego en meros daños colaterales producidos por la inestabilidad y las vicisitudes del tendido.
A seis años de sancionada la ley, a Mauro aún le llegan historias que le recuerdan su propio drama. Sin ir más lejos, en el último corte de mediados de marzo, su asociación recibió 80 reclamos de electrodependientes afectados por la interrupción de luz con el corazón en la mano. “Nos llamó la atención -explicó Mauro- que entre 20 y 25 de esos reclamos venían de Lomas de Zamora”. Sin tiempo para reclamar los grupos electrógenos, Mauro se movió a gran velocidad para que les llegaran tubos de oxígeno.
A pesar del tiempo transcurrido con la ley aprobada, de los 15 mil hogares con un miembro electrodependiente apuntados en el registro nacional y que reciben el servicio eléctrico sin costo, sólo uno de cada 10 han recibido grupos electrógenos, tal como promete la ley.
Es hora de que el Estado tome las riendas y vele por los intereses de los argentinos. Es hora de que garantice que, en los momentos de más necesidad por las altas temperaturas, se preserve el servicio eléctrico.
Pues hoy en día, la falta de luz amenaza desde la salud hasta el trabajo –con el auge del trabajo remoto-. E incluso, como bien sabe Mauro y 15 mil hogares argentinos, hasta la propia vida.
Es hora de que las empresas de suministro eléctrico se hagan realmente responsables. Y que exista una auditoría seria que aplique sanciones y quite contratos, para mostrar a todos los argentinos que el Estado, de verdad, se preocupa por nosotros.

* Santiago Quintana es Sociólogo y Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social. Se dedica íntegramente a la promoción, desarrollo e implementación de políticas públicas en salud. Es autor de los libros "Crónicas de lucha; mujeres y hombres que revolucionaron la legislación sanitaria argentina" y "CÓDIGO POSTAL; Dime dónde naciste y te diré qué salud tienes, la inmoral inequidad sanitaria porteña". Actualmente se desempeña como Director de Análisis y Gestión Técnico Operativa en DAS (Obra Social del Congreso de la Nación).
SALUD
Kicillof inauguró la nueva sala de tomografía del Hospital “Dr. Oscar Alende” de Mar del Plata
“Hay solo tres tomógrafos con esta tecnología en todo Latinoamérica”, destacó el gobernador.
27/02/2026
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, encabezó este viernes la inauguración de la sala que alberga el nuevo tomógrafo entregado en diciembre al Hospital Interzonal General de Agudos Dr. Oscar Alende de Mar del Plata. En tanto, el ministro de Salud, Nicolás Kreplak, recorrió el Hospital Materno Infantil Don Victorino Tetamanti, donde también se está instalando un nuevo tomógrafo que estará pronto en funcionamiento. Con una inversión total de US$1.418.000, estos equipos permiten resolver diagnósticos dentro de la institución, evitando derivaciones y tiempos de espera para los pacientes.
Al respecto, Kicillof remarcó: “Hicimos una inversión muy grande para traer equipamiento de primer nivel a este hospital, hay solo tres tomógrafos con esta tecnología en todo Latinoamérica: este equipamiento nos permite brindar nuevas prestaciones para salvar o mejorar vidas”.
“Aunque el Gobierno de Javier Milei nos asfixie y nos haya quitado ilegalmente recursos por más de $15 billones, en la Provincia vamos a seguir haciendo nuestro máximo esfuerzo para mejorar la calidad de la salud pública bonaerense”, concluyó.
Asimismo, el Gobernador inauguró la segunda farmacia exclusiva para el personal de la Policía de la provincia. La misma alcanza a agentes en actividad, retirados, pensionados y su grupo familiar; y ofrece descuentos adicionales a IOMA.
Participaron de las actividades los ministros de Gobierno, Carlos Bianco; de Trabajo, Walter Correa; de Desarrollo Agrario, Javier Rodríguez; el director ejecutivo de ARBA, Cristian Girard; el jefe de la Policía provincial, Javier Villar; las subsecretarias de Promoción de la Salud y el Bienestar Policial, Agustina Baudino; de Turismo, Soledad Martínez; su par de Articulación Institucional del Ministerio de Seguridad, Eduardo Aparicio; el senador provincial Jorge Paredi; los intendentes de General Alvarado, Sebastián Ianantuony; de Mar Chiquita, Walter Wischnivetzky; el director ejecutivo del HIGA, Matías Tártara; y la secretaria general de SADOP, Adriana Donzelli.

SALUD
Desigualdad en salud: el desafío estructural de la Argentina
OPINIÓN de Santiago Quintana, Sociólogo especializado en salud pública.
19/02/2026
Por Santiago Quintana, Sociólogo y Magister en Sistemas de Salud*
En la actualidad, la Argentina enfrenta un problema estructural que trasciende las coyunturas políticas y económicas, y que tiene un impacto directo en la vida de millones de personas: la desigualdad en salud. Aunque la cobertura sanitaria parece estar garantizada por un sistema que ofrece acceso a la salud para todos, la realidad es que el acceso real y efectivo a los servicios de salud está lejos de ser equitativo. En este contexto, surgen dos términos fundamentales que conviene diferenciar: inequidad en salud e inequidad sanitaria.
La inequidad en salud refiere a las disparidades en el estado de salud entre distintos grupos sociales, territoriales y económicos. Estas diferencias, en su mayoría, son evitables y, por lo tanto, injustas. Mientras tanto, la inequidad sanitaria se refiere a las desigualdades en el acceso y en la calidad de los servicios sanitarios disponibles. Ambas se entrelazan y forman el núcleo del problema que afecta a gran parte de la población argentina, principalmente a los sectores más vulnerables.
La brecha mortal
Uno de los datos más impactantes que ilustra esta desigualdad es la tasa de mortalidad infantil. En el norte del país, la tasa de mortalidad infantil es considerablemente más alta que en el sur. Según los últimos informes del Ministerio de Salud de la Nación, las provincias del norte, como Chaco, Formosa y Misiones, presentan tasas de mortalidad infantil que duplican a las de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y otras provincias del sur. En 2021, la tasa de mortalidad infantil en provincias como Formosa alcanzó los 15,2 por mil nacidos vivos, mientras que en la CABA fue de 6,1 por mil. Esta disparidad refleja, en primer lugar, la desigualdad en el acceso a servicios de salud de calidad.
Determinantes sociales de la salud
Los determinantes sociales juegan un papel crucial en la desigualdad en salud. La pobreza, la falta de educación y la exclusión social son factores clave que limitan el acceso a atención médica adecuada. En zonas rurales o en áreas con alta concentración de población vulnerable, la carencia de infraestructura sanitaria y la baja distribución de profesionales médicos se traduce en una desigualdad territorial en el acceso a los servicios. A pesar de los esfuerzos del gobierno por incrementar el acceso a la salud a través del programa de cobertura universal, la distribución desigual de médicos y centros de atención continúa siendo un desafío significativo.
Según datos del Censo 2022, el número de médicos en las provincias del norte es considerablemente inferior al de las provincias del centro y sur. En provincias como Salta o Jujuy, la densidad de médicos es de apenas 1,2 por cada 1.000 habitantes, mientras que en CABA alcanza los 5,6 por cada 1.000. Esto no solo refleja una inequidad en la distribución de los recursos humanos, sino también una inequidad en los resultados de salud. En estas provincias, los índices de enfermedades crónicas no transmisibles como diabetes e hipertensión son significativamente más altos, debido en parte a la falta de diagnóstico precoz y de tratamiento oportuno.
La pobreza y la salud
La pobreza es otro de los determinantes que más impacta en la desigualdad en salud. En el país, el 25,7% de la población vive por debajo de la línea de pobreza, según datos del INDEC. Esta población enfrenta grandes dificultades para acceder a servicios de salud, no solo por la falta de infraestructura, sino también por los costos asociados al tratamiento médico, los medicamentos y los traslados a centros especializados. Esto genera un círculo vicioso en el que las personas más vulnerables terminan siendo las más afectadas por la mala salud, sin la posibilidad de mejorar su situación debido a la falta de acceso a servicios médicos adecuados.
La inequidad territorial en el acceso
Uno de los aspectos más alarmantes de la desigualdad en salud es la inequidad territorial en el acceso a la atención médica. En las provincias del norte y en áreas rurales, la distancia geográfica, la falta de transporte adecuado y la escasa oferta de atención primaria generan enormes dificultades para los pacientes. En algunas zonas, los pacientes deben viajar decenas de kilómetros para recibir atención médica, una barrera que se traduce en diagnósticos tardíos, mayor morbilidad y, en muchos casos, muertes evitables.
Por otro lado, la desigualdad en el acceso a establecimientos sanitarios se profundiza con la falta de hospitales, centros de salud y equipos médicos de alta complejidad en estas regiones. Mientras en Buenos Aires y otras grandes ciudades existen hospitales de alta especialización y centros médicos bien equipados, las provincias del norte aún luchan por contar con lo mínimo imprescindible. Esta inequidad sanitaria se vuelve más evidente cuando se observa la escasa cobertura de los programas de salud pública en zonas rurales y la falta de médicos especialistas en áreas críticas como la salud materna, neonatal y pediátrica.
Desigualdad de género y acceso a la salud
Un aspecto que no puede dejarse de lado es la desigualdad de género en el acceso a la salud. Las mujeres, especialmente aquellas en situación de vulnerabilidad, enfrentan barreras adicionales en su acceso a servicios médicos. La salud sexual y reproductiva sigue siendo un tema pendiente en muchas zonas del país, con una escasa oferta de servicios adecuados para prevenir embarazos no deseados, garantizar partos seguros y ofrecer atención postnatal. Esto se agrava en contextos de pobreza y exclusión social, donde las mujeres tienen menos poder de decisión sobre su salud y menor acceso a la información y a los recursos sanitarios.
¿Qué hacer frente a la desigualdad en salud?
La desigualdad en salud es el principal desafío sanitario de la Argentina. Para combatirla es necesario un enfoque integral que contemple no solo la ampliación de la cobertura sanitaria, sino también la mejora en la distribución de los recursos humanos y la infraestructura sanitaria. Es imperativo invertir en atención primaria de la salud en todas las regiones, con un enfoque especial en el norte del país y en las zonas rurales, y fortalecer los sistemas de salud pública para garantizar que las personas más vulnerables reciban atención de calidad. Además, se deben implementar políticas que aborden los determinantes sociales de la salud, como la pobreza y la educación, que son factores clave en la perpetuación de estas desigualdades.
La salud es un derecho, no un privilegio. Combatir la desigualdad en salud no solo es un imperativo moral, sino también una necesidad para construir una sociedad más justa, equitativa y saludable para todos.

* Santiago Quintana es Sociólogo y Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social. Se dedica íntegramente a la promoción, desarrollo e implementación de políticas públicas en salud. Es autor de los libros "Crónicas de lucha; mujeres y hombres que revolucionaron la legislación sanitaria argentina", “Crónicas de Lucha II – historias que revolucionaron la legislación sanitaria argentina” y "CÓDIGO POSTAL; Dime dónde naciste y te diré qué salud tienes, la inmoral inequidad sanitaria porteña".
SALUD
Una reforma laboral que toca el corazón del sistema de salud
OPINIÓN de Santiago Quintana, Sociólogo especializado en salud pública.
21/01/2026
Por Santiago Quintana, Sociólogo y Magister en Sistemas de Salud*
En el debate público sobre la reforma laboral suele hablarse de empleo, costos y competitividad. Mucho menos visible —aunque no menos relevante— es lo que ocurre cuando una modificación aparentemente menor impacta de lleno en el financiamiento del sistema de salud. Eso es exactamente lo que sucede con el artículo que reduce el aporte patronal destinado a las obras sociales del 6% al 5%.
¿Qué dice ese artículo y por qué importa?
El artículo en cuestión modifica la ley reduciendo en un punto porcentual la contribución que los empleadores deben hacer al sistema de obras sociales, pasando del 6% al 5% de la remuneración de cada trabajador. Ese aporte, junto con el aporte trabajador del 3%, conforma el financiamiento básico de las obras sociales sindicales, que representan la cobertura de salud de millones de trabajadores y sus familias.
Los promotores de la reforma sostienen que esta reducción alivia el “costo laboral” y promueve la formalización del empleo. Pero incluso ellos reconocen implícitamente que ese punto tiene efectos significativos sobre el flujo de recursos del sistema.
Datos duros: ¿cuánto significa un punto?
La magnitud del impacto económico no es menor:
- Según estimaciones sindicales, esta reducción implicaría una pérdida mensual cercana a los $16.500 millones solo para el Fondo Solidario de Redistribución (FSR) —el mecanismo que compensa entre obras sociales de mayor y menor recaudación— y hasta unos $90.000 millones mensuales para el conjunto de las obras sociales si se suman todas las caídas de aportes. En total, el recorte podría superar los $100.000 millones al mes.
- Asociado a estas cifras, un informe de la CGT estima que la pérdida anual para el sistema sería de entre 679 y 700 millones de dólares, lo que equivale a aproximadamente el 0,1% del Producto Bruto Interno (PBI).
- Otros análisis proyectan que si se toma como referencia el salario promedio informado por el SIPA, la caída anual de ingresos por esta medida —sumada a otras modificaciones laborales— podría rondar los USD 1.000 millones solo por la parte destinada a obras sociales.
Estas cifras no son abstracciones contables: son recursos que hoy se usan para pagar prestaciones médicas, tratamientos de alta complejidad, medicamentos, salarios administrativos, prestaciones de discapacidad y convenios con prestadores de salud.
Ejemplos concretos del impacto
Para dimensionar lo que significa este ajuste:
- El Fondo Solidario de Redistribución (FSR) es clave para que obras sociales pequeñas, con pocos aportantes, puedan cubrir prestaciones de alto costo o servicios en zonas de menor recaudación. Una caída de $16.500 millones por mes en ese fondo puede traducirse en suspensiones o reducciones de prestaciones críticas en esas obras sociales.
- Si se generaliza una caída de casi $100.000 millones por mes en ingresos totales, algunas obras sociales podrían encontrarse obligadas a recortar prestaciones o trasladar cargas a los afiliados, como mayores copagos o restricciones en autorizaciones, para equilibrar sus cuentas.
- En un contexto de inflación y aumento sostenido de los costos de tratamientos y medicamentos, menos recursos por afiliado puede significar menor acceso a atención de calidad, especialmente para prestaciones de alta tecnología o tratamientos crónicos, que son crecientes.
¿Quién paga el costo del “alivio” patronal?
Una pregunta clave atraviesa este debate: si el sistema recibe menos recursos, ¿quién absorbe la diferencia?
Las opciones no son mágicas:
- Podría traducirse en menor cobertura o mayores trabas administrativas dentro de las obras sociales.
- Podría implicar un traslado del costo al sector público de salud, que ya funciona al límite.
- Podría derivar en copagos más altos o restricciones de acceso para los afiliados.
En todos los escenarios, el costo tiende a recaer sobre los trabajadores, las familias y los municipios y provincias que sostienen el sistema sanitario público.
¿Reforma laboral o reforma del sistema de salud?
El problema de fondo no es que el sistema de obras sociales no necesite cambios estructurales —los necesita, desde su fragmentación hasta su vínculo con la informalidad laboral. Pero una cosa es reformar con una mirada integral, y otra muy distinta es desfinanciar una pieza clave sin un plan de compensación, mecanismos alternativos de financiamiento o mecanismos de protección de la cobertura.
Reducir el financiamiento sin una estrategia clara de ajuste integral equivale a intervenir una pieza central del sistema sin mirar el tablero completo. Y cuando se trata de salud, las decisiones “técnicas” no se pagan con balances contables: se pagan con el acceso efectivo a la atención de millones de personas.
Hacia un debate informado y democrático
La salud no es un gasto más ni un costo laboral accesorio. Es un derecho social y un componente esencial del contrato social argentino. Por eso, cualquier modificación que afecte su financiamiento debería darse en un debate amplio, transparente y basado en evidencia.
Reducir un punto porcentual puede parecer poco en una planilla, pero en un sistema que atiende a más de la mitad de la población, ese punto tiene nombre, rostro y consecuencias concretas. Y esas consecuencias deben ser discutidas, no solo entre tecnócratas, sino con la sociedad entera.

* Santiago Quintana es Sociólogo y Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social. Se dedica íntegramente a la promoción, desarrollo e implementación de políticas públicas en salud. Es autor de los libros "Crónicas de lucha; mujeres y hombres que revolucionaron la legislación sanitaria argentina", “Crónicas de Lucha II – historias que revolucionaron la legislación sanitaria argentina” y "CÓDIGO POSTAL; Dime dónde naciste y te diré qué salud tienes, la inmoral inequidad sanitaria porteña".
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