Nuestras Redes

SALUD

Colesterol: por qué es un enemigo silencioso y cómo tratarlo

La Dra. Ángela Romero Zarante, médica cardióloga de CINME, explicó los tipos de colesterol, qué causan en el cuerpo y cada cuánto hay que hacerse los exámenes.

Dra. Ángela Romero Zarante, médica cardióloga de CINME.

En el contexto de la pandemia, el temor a contagiarse de Covid-19 generó una abrupta disminución en los chequeos médicos. Esta es una cuestión que preocupa mucho a los profesionales de la salud ya que continúan existiendo otras patologías que afectan a millones de personas, como es el caso del colesterol alto, llamado el enemigo silencioso. “El colesterol es una grasa natural indispensable para el buen funcionamiento de nuestro organismo: es fuente principal de energía; parte estructural de hormonas; aporta ácidos grasos libres esenciales para el organismo como son los omega 3, 6 y 9; son base fundamental de las vitaminas A, E, D y K; son componentes fundamentales de estructura de membrana; y quizá la función más conocida es la palatabilidad, que es el sabor en las comidas”, comenzó explicando la investigadora principal del área de cardiología del Centro de Investigaciones Metabólicas a RL 18 “El Regreso de Radio Latina”. El problema radica cuando se acumula en cantidades que son anómalas. “Cuando ya hablamos de por qué el colesterol es una enemigo silencio es fundamentalmente cuando comienza a elevarse en sangre de manera asintomática. Y estas alteraciones predisponen u ocasionan en las arterias procesos de ateroesclerosis. ¿Qué es la ateroesclerosis? Es unificación de sustancias lipídicas que van entrando a la capa interna de las arterias, sobre todo de mediano y gran calibre, generando procesos inflamatorios y obstrucciones que pueden ir progresando con los años de manera asintomática hasta que obstruyen el vaso o se accidentan y generan ACV o infartos”.

Según la especialista, en Argentina el 70% de las muertes se deben a enfermedades crónicas no transmisibles, es decir las que no tienen un componente infectocontagioso, de las cuales el 40% es por infartos y ACV. Números igual de alarmantes maneja la Organización Mundial de la Salud. “Es impresionante que en el año 2000 y 2015 las principales causas de muertes sigan siendo los infartos y ACV. Ellos no disminuyeron a pesar de todo el avance médico en cuanto a diagnóstico y tratamiento. Uno se pregunta el porqué a pesar de que han pasado tantos años. El estilo de vida occidental y de vida moderna, la obesidad, la mala alimentación, el sedentarismo, el tabaquismo, pueden generar procesos de ateroesclerosis. Pero, ojo, existe la posibilidad de una predisposición. En un estudio de 2013 en 137 momias se dieron cuenta que ya un 47% de ellas presentaban procesos de ateroesclerosis. Entonces uno se pregunta, si ellos tenían estilos de vida totalmente diferentes a los actuales, ¿cómo podían presentar placa de ateroma en las arterias? Y siguiendo no tan lejos, los soldados estadounidenses en la Guerra de Corea, que tenían en promedio 22 años, ya tenía un 77% de ellos lesiones en las arterias en las autopsias. Entonces puede existir una predisposición genética”. Sobre este último punto, la Dra. Romero igualmente aclaró que “son fundamentalmente los factores de riesgo los que terminan por enfermarnos”. “En Argentina por lo menos un 30% de la población tiene colesterol elevado. Si lo sumamos a problemáticas de sobrepeso y obesidad que es un 60%, más la diabetes que son de las prevalencias más altas en el mundo, un 12% con hipertensión, más el 64% de la población que es sedentaria, estamos creando una población enferma con caldo para poder producir los procesos de ateroesclerosis y generar infartos y ACV. Suma mucho los factores de riesgo cardiovascular y por eso es tan importante intervenir en ellos antes que se desarrolle la enfermedad”.

Muchas veces se genera una confusión en los tipos de colesterol. Sobre este punto explicó: “El colesterol fundamentalmente circula en sangre a través de unas macromoléculas conocidas como lipoproteínas. Existen lipoproteínas famosas o mal llamadas ‘malas’, que es el colesterol LDL, que contienen alto contenido de colesterol esterificado y triglicéridos que viajan del hígado a los tejidos, pero en muchos pacientes que tienen factores de riesgo se genera una modificación de ese LDL que termina siendo malísimo y tóxico para las arterias. Porque se termina acumulando, oxidando y generando la placa de ateroma”. Mientras que el colesterol “bueno”, es la lipoproteína HDL. “Ellas también contienen colesterol esterificado y triglicéridos pero hacen un transporte reverso, desde los tejidos hacia el hígado donde es eliminado”. Y agregó: “Otro que se cuantifica es el colesterol total que es la suma de esos dos. Y tenemos los triglicéridos, que son grasas también que viajan en el torrente sanguíneo. Entonces ¿qué es lo que nosotros como médicos buscamos? Que el colesterol LDL baje, que el HDL esté lo más alto posible y que los triglicéridos también bajen. Ahí ayudamos mucho a que la placa de ateroma no siga progresando”.

Por eso, aunque nos encontremos en medio de una pandemia, es importante no abandonar los chequeos médicos. ¿Cada cuánto hay que hacerse los exámenes de colesterol? “En ausencia de factores de riesgo, los chicos de entre 9 y 11 años tendrían que tener un perfil de colesterol medido puesto que a veces puede ser hereditario. Hasta un 5% de los pacientes que tienen colesterol lo pueden heredar y ojo porque estos son los pacientes que más rápido tienen eventos cardiovasculares, porque suelen ser colesteroles muy agresivos. Entre los 17 y 21 años también se puede hacer un nuevo chequeo. Y después de esto cada 5 años. Cuando hay factores de riesgo como diabetes o hipertensión, es preferible controlar con su médico cada seis meses o una vez por año”, aseguró la investigadora de CINME.

Tratamientos para el colesterol elevado

“La primera línea de tratamiento es los cambios en el estilo de vida. Es decir, aumentar el consumo de vegetales, disminuir las bebidas azucaradas, tratar de disminuir el consumo de carnes rojas y procesadas, consumir aceite de oliva, disminuir la ingesta de lo que es pollo, queso, yogurt descremado y aumentar el consumo de pescados y mariscos, por lo menos dos porciones a la semana que es buenísimo porque son ricos en omega y disminuyen hasta un 16% el riesgo cardiovascular”, contó la especialista.

La implementación de medicación dependerá de lo que se quiera bajar. “Se habla de metas. No tenemos un número estandarizado como médicos. No es lo mismo un paciente que tuvo un infarto o un ACV que nosotros vamos a preferir que tenga el LDL lo más bajo posible, aproximadamente 55 o menos; a un paciente de bajo riesgo que le vamos a pedir menos de 116 de colesterol malo. Lo más importante es que tu medico determine el riesgo cardiovascular que vos tenés, que es la posibilidad de muerte que pueden llegar a tener con infartos y ACV a 10 años. Y en razón del riesgo, si es bajo, moderado, o muy elevado, tratar de hacer la intervención y pedir las metas de colesterol”.

En el consultorio virtual del programa que conduce Rubén Suárez surgieron dudas de los oyentes alrededor del medicamento que ayuda a bajar el colesterol. Por lo que la Dra. Romero decidió hacer algunas aclaraciones: “Las estatinas principalmente pueden causar problemas en el hígado en algunos pacientes -muy baja la incidencia de 0,2 a un 2% pueden elevar las enzimas hepáticas -, y otras que son un poquito más frecuentes son las miopatías o problemas musculares. Quiero decir tres cosas importantes: primero, la estatina es una medicación extremadamente segura, logra disminuir hasta un 55% el colesterol malo, aumenta el bueno y ayuda a bajar los triglicéridos; segundo, los efectos adversos asociados a la medicación son más mitos y mala propaganda que otra cosa. Esa medicación es efectiva para que los pacientes que tuvieron infartos y ACV no vuelvan a repetir el evento y para prevenir éstos por primera vez. Entonces yo invito a todos que si algún medico categoriza el riesgo cardiovascular que ustedes tienen y les indica que cambien el estilo de vida y además de eso estatina, traten de tomar la medicación y no estar prevenido con la no toma. Los eventos musculares suelen ser transitorios o disminuir cuando disminuyen la dosis de la estatina o las cambian. Es importante comenzar con el primer escalón, que es el cambio en el estilo de vida, y probar las estatinas”.

En cuanto a las investigaciones que viene desarrollando CINME sobre esta enfermedad, la profesional de la salud detalló que “desde hace tres años llevamos la línea de investigación de lo que son pacientes de alto riesgo cardiovascular, tratando de ayudarlos sobre todo cuando hay mucho inconveniente con el tema de colesterol elevado. Tenemos estudios para pacientes intolerantes a estatinas, con una medicación que ya está aprobada por la FDA en EE.UU., estos son para pacientes que tuvieron infartos y ACV y que necesitan tener niveles de colesterol LDL bajos. Y tenemos también el de los monoclonales para pacientes de muy alto riesgo que no hayan tenido infartos ni ACV. Este tipo de investigaciones son buenas porque nos traen medicamentos de muy alto costo, difícil que con el sistema de obras sociales pudiésemos adquirirlos, que cuestan 1.200 dólares por mes de tratamiento. Pero este tipo de estudios nos permiten poder ingresar a pacientes de alto riesgo, poder medicarlos y seguirlos en el tiempo. Así que cualquier duda que tengan pacientes con muchos factores de riesgo con todo gusto en CINME por redes sociales estaremos respondiendo sus interrogantes”. Y finalizó con una recomendación: “Actividad física, disminuir el consumo de tabaco, tratar de mezclar aceite de oliva en casa que tiene omega 9, 30 gramos de frutos secos al día, consumir chía y lino en los alimentos, salmón, trucha, caballa, avena en hojuelas y tratar de consumir vino en moderada cantidad sobre todo a la noche que ayuda mucho”.

SALUD

Kicillof inauguró la nueva sala de tomografía del Hospital “Dr. Oscar Alende” de Mar del Plata

“Hay solo tres tomógrafos con esta tecnología en todo Latinoamérica”, destacó el gobernador.

27/02/2026

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, encabezó este viernes la inauguración de la sala que alberga el nuevo tomógrafo entregado en diciembre al Hospital Interzonal General de Agudos Dr. Oscar Alende de Mar del Plata. En tanto, el ministro de Salud, Nicolás Kreplak, recorrió el Hospital Materno Infantil Don Victorino Tetamanti, donde también se está instalando un nuevo tomógrafo que estará pronto en funcionamiento. Con una inversión total de US$1.418.000, estos equipos permiten resolver diagnósticos dentro de la institución, evitando derivaciones y tiempos de espera para los pacientes.

Al respecto, Kicillof remarcó: “Hicimos una inversión muy grande para traer equipamiento de primer nivel a este hospital, hay solo tres tomógrafos con esta tecnología en todo Latinoamérica: este equipamiento nos permite brindar nuevas prestaciones para salvar o mejorar vidas”.

“Aunque el Gobierno de Javier Milei nos asfixie y nos haya quitado ilegalmente recursos por más de $15 billones, en la Provincia vamos a seguir haciendo nuestro máximo esfuerzo para mejorar la calidad de la salud pública bonaerense”, concluyó.

Asimismo, el Gobernador inauguró la segunda farmacia exclusiva para el personal de la Policía de la provincia. La misma alcanza a agentes en actividad, retirados, pensionados y su grupo familiar; y ofrece descuentos adicionales a IOMA.

Participaron de las actividades los ministros de Gobierno, Carlos Bianco; de Trabajo, Walter Correa; de Desarrollo Agrario, Javier Rodríguez; el director ejecutivo de ARBA, Cristian Girard; el jefe de la Policía provincial, Javier Villar; las subsecretarias de Promoción de la Salud y el Bienestar Policial, Agustina Baudino; de Turismo, Soledad Martínez; su par de Articulación Institucional del Ministerio de Seguridad, Eduardo Aparicio; el senador provincial Jorge Paredi; los intendentes de General Alvarado, Sebastián Ianantuony; de Mar Chiquita, Walter Wischnivetzky; el director ejecutivo del HIGA, Matías Tártara; y la secretaria general de SADOP, Adriana Donzelli.

Continuar Leyendo

SALUD

Desigualdad en salud: el desafío estructural de la Argentina

OPINIÓN de Santiago Quintana, Sociólogo especializado en salud pública.

19/02/2026

Por Santiago Quintana, Sociólogo y Magister en Sistemas de Salud*

En la actualidad, la Argentina enfrenta un problema estructural que trasciende las coyunturas políticas y económicas, y que tiene un impacto directo en la vida de millones de personas: la desigualdad en salud. Aunque la cobertura sanitaria parece estar garantizada por un sistema que ofrece acceso a la salud para todos, la realidad es que el acceso real y efectivo a los servicios de salud está lejos de ser equitativo. En este contexto, surgen dos términos fundamentales que conviene diferenciar: inequidad en salud e inequidad sanitaria.

La inequidad en salud refiere a las disparidades en el estado de salud entre distintos grupos sociales, territoriales y económicos. Estas diferencias, en su mayoría, son evitables y, por lo tanto, injustas. Mientras tanto, la inequidad sanitaria se refiere a las desigualdades en el acceso y en la calidad de los servicios sanitarios disponibles. Ambas se entrelazan y forman el núcleo del problema que afecta a gran parte de la población argentina, principalmente a los sectores más vulnerables.

La brecha mortal

Uno de los datos más impactantes que ilustra esta desigualdad es la tasa de mortalidad infantil. En el norte del país, la tasa de mortalidad infantil es considerablemente más alta que en el sur. Según los últimos informes del Ministerio de Salud de la Nación, las provincias del norte, como Chaco, Formosa y Misiones, presentan tasas de mortalidad infantil que duplican a las de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y otras provincias del sur. En 2021, la tasa de mortalidad infantil en provincias como Formosa alcanzó los 15,2 por mil nacidos vivos, mientras que en la CABA fue de 6,1 por mil. Esta disparidad refleja, en primer lugar, la desigualdad en el acceso a servicios de salud de calidad.

Determinantes sociales de la salud

Los determinantes sociales juegan un papel crucial en la desigualdad en salud. La pobreza, la falta de educación y la exclusión social son factores clave que limitan el acceso a atención médica adecuada. En zonas rurales o en áreas con alta concentración de población vulnerable, la carencia de infraestructura sanitaria y la baja distribución de profesionales médicos se traduce en una desigualdad territorial en el acceso a los servicios. A pesar de los esfuerzos del gobierno por incrementar el acceso a la salud a través del programa de cobertura universal, la distribución desigual de médicos y centros de atención continúa siendo un desafío significativo.

Según datos del Censo 2022, el número de médicos en las provincias del norte es considerablemente inferior al de las provincias del centro y sur. En provincias como Salta o Jujuy, la densidad de médicos es de apenas 1,2 por cada 1.000 habitantes, mientras que en CABA alcanza los 5,6 por cada 1.000. Esto no solo refleja una inequidad en la distribución de los recursos humanos, sino también una inequidad en los resultados de salud. En estas provincias, los índices de enfermedades crónicas no transmisibles como diabetes e hipertensión son significativamente más altos, debido en parte a la falta de diagnóstico precoz y de tratamiento oportuno.

La pobreza y la salud

La pobreza es otro de los determinantes que más impacta en la desigualdad en salud. En el país, el 25,7% de la población vive por debajo de la línea de pobreza, según datos del INDEC. Esta población enfrenta grandes dificultades para acceder a servicios de salud, no solo por la falta de infraestructura, sino también por los costos asociados al tratamiento médico, los medicamentos y los traslados a centros especializados. Esto genera un círculo vicioso en el que las personas más vulnerables terminan siendo las más afectadas por la mala salud, sin la posibilidad de mejorar su situación debido a la falta de acceso a servicios médicos adecuados.

La inequidad territorial en el acceso

Uno de los aspectos más alarmantes de la desigualdad en salud es la inequidad territorial en el acceso a la atención médica. En las provincias del norte y en áreas rurales, la distancia geográfica, la falta de transporte adecuado y la escasa oferta de atención primaria generan enormes dificultades para los pacientes. En algunas zonas, los pacientes deben viajar decenas de kilómetros para recibir atención médica, una barrera que se traduce en diagnósticos tardíos, mayor morbilidad y, en muchos casos, muertes evitables.

Por otro lado, la desigualdad en el acceso a establecimientos sanitarios se profundiza con la falta de hospitales, centros de salud y equipos médicos de alta complejidad en estas regiones. Mientras en Buenos Aires y otras grandes ciudades existen hospitales de alta especialización y centros médicos bien equipados, las provincias del norte aún luchan por contar con lo mínimo imprescindible. Esta inequidad sanitaria se vuelve más evidente cuando se observa la escasa cobertura de los programas de salud pública en zonas rurales y la falta de médicos especialistas en áreas críticas como la salud materna, neonatal y pediátrica.

Desigualdad de género y acceso a la salud

Un aspecto que no puede dejarse de lado es la desigualdad de género en el acceso a la salud. Las mujeres, especialmente aquellas en situación de vulnerabilidad, enfrentan barreras adicionales en su acceso a servicios médicos. La salud sexual y reproductiva sigue siendo un tema pendiente en muchas zonas del país, con una escasa oferta de servicios adecuados para prevenir embarazos no deseados, garantizar partos seguros y ofrecer atención postnatal. Esto se agrava en contextos de pobreza y exclusión social, donde las mujeres tienen menos poder de decisión sobre su salud y menor acceso a la información y a los recursos sanitarios.

¿Qué hacer frente a la desigualdad en salud?

La desigualdad en salud es el principal desafío sanitario de la Argentina. Para combatirla es necesario un enfoque integral que contemple no solo la ampliación de la cobertura sanitaria, sino también la mejora en la distribución de los recursos humanos y la infraestructura sanitaria. Es imperativo invertir en atención primaria de la salud en todas las regiones, con un enfoque especial en el norte del país y en las zonas rurales, y fortalecer los sistemas de salud pública para garantizar que las personas más vulnerables reciban atención de calidad. Además, se deben implementar políticas que aborden los determinantes sociales de la salud, como la pobreza y la educación, que son factores clave en la perpetuación de estas desigualdades.

La salud es un derecho, no un privilegio. Combatir la desigualdad en salud no solo es un imperativo moral, sino también una necesidad para construir una sociedad más justa, equitativa y saludable para todos.

* Santiago Quintana es Sociólogo y Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social. Se dedica íntegramente a la promoción, desarrollo e implementación de políticas públicas en salud. Es autor de los libros "Crónicas de lucha; mujeres y hombres que revolucionaron la legislación sanitaria argentina", “Crónicas de Lucha II – historias que revolucionaron la legislación sanitaria argentina” y "CÓDIGO POSTAL; Dime dónde naciste y te diré qué salud tienes, la inmoral inequidad sanitaria porteña".

 

Continuar Leyendo

SALUD

Una reforma laboral que toca el corazón del sistema de salud

OPINIÓN de Santiago Quintana, Sociólogo especializado en salud pública.

21/01/2026

Por Santiago Quintana, Sociólogo y Magister en Sistemas de Salud*

En el debate público sobre la reforma laboral suele hablarse de empleo, costos y competitividad. Mucho menos visible —aunque no menos relevante— es lo que ocurre cuando una modificación aparentemente menor impacta de lleno en el financiamiento del sistema de salud. Eso es exactamente lo que sucede con el artículo que reduce el aporte patronal destinado a las obras sociales del 6% al 5%.

¿Qué dice ese artículo y por qué importa?

El artículo en cuestión modifica la ley reduciendo en un punto porcentual la contribución que los empleadores deben hacer al sistema de obras sociales, pasando del 6% al 5% de la remuneración de cada trabajador. Ese aporte, junto con el aporte trabajador del 3%, conforma el financiamiento básico de las obras sociales sindicales, que representan la cobertura de salud de millones de trabajadores y sus familias. 

Los promotores de la reforma sostienen que esta reducción alivia el “costo laboral” y promueve la formalización del empleo. Pero incluso ellos reconocen implícitamente que ese punto tiene efectos significativos sobre el flujo de recursos del sistema.

Datos duros: ¿cuánto significa un punto?

La magnitud del impacto económico no es menor:

  • Según estimaciones sindicales, esta reducción implicaría una pérdida mensual cercana a los $16.500 millones solo para el Fondo Solidario de Redistribución (FSR) —el mecanismo que compensa entre obras sociales de mayor y menor recaudación— y hasta unos $90.000 millones mensuales para el conjunto de las obras sociales si se suman todas las caídas de aportes. En total, el recorte podría superar los $100.000 millones al mes.
  • Asociado a estas cifras, un informe de la CGT estima que la pérdida anual para el sistema sería de entre 679 y 700 millones de dólares, lo que equivale a aproximadamente el 0,1% del Producto Bruto Interno (PBI).
  • Otros análisis proyectan que si se toma como referencia el salario promedio informado por el SIPA, la caída anual de ingresos por esta medida —sumada a otras modificaciones laborales— podría rondar los USD 1.000 millones solo por la parte destinada a obras sociales.

Estas cifras no son abstracciones contables: son recursos que hoy se usan para pagar prestaciones médicas, tratamientos de alta complejidad, medicamentos, salarios administrativos, prestaciones de discapacidad y convenios con prestadores de salud.

Ejemplos concretos del impacto

Para dimensionar lo que significa este ajuste:

  • El Fondo Solidario de Redistribución (FSR) es clave para que obras sociales pequeñas, con pocos aportantes, puedan cubrir prestaciones de alto costo o servicios en zonas de menor recaudación. Una caída de $16.500 millones por mes en ese fondo puede traducirse en suspensiones o reducciones de prestaciones críticas en esas obras sociales.
  • Si se generaliza una caída de casi $100.000 millones por mes en ingresos totales, algunas obras sociales podrían encontrarse obligadas a recortar prestaciones o trasladar cargas a los afiliados, como mayores copagos o restricciones en autorizaciones, para equilibrar sus cuentas.
  • En un contexto de inflación y aumento sostenido de los costos de tratamientos y medicamentos, menos recursos por afiliado puede significar menor acceso a atención de calidad, especialmente para prestaciones de alta tecnología o tratamientos crónicos, que son crecientes.

¿Quién paga el costo del “alivio” patronal?

Una pregunta clave atraviesa este debate: si el sistema recibe menos recursos, ¿quién absorbe la diferencia?

Las opciones no son mágicas:

  • Podría traducirse en menor cobertura o mayores trabas administrativas dentro de las obras sociales.
  • Podría implicar un traslado del costo al sector público de salud, que ya funciona al límite.
  • Podría derivar en copagos más altos o restricciones de acceso para los afiliados.

En todos los escenarios, el costo tiende a recaer sobre los trabajadores, las familias y los municipios y provincias que sostienen el sistema sanitario público.

¿Reforma laboral o reforma del sistema de salud?

El problema de fondo no es que el sistema de obras sociales no necesite cambios estructurales —los necesita, desde su fragmentación hasta su vínculo con la informalidad laboral. Pero una cosa es reformar con una mirada integral, y otra muy distinta es desfinanciar una pieza clave sin un plan de compensación, mecanismos alternativos de financiamiento o mecanismos de protección de la cobertura.

Reducir el financiamiento sin una estrategia clara de ajuste integral equivale a intervenir una pieza central del sistema sin mirar el tablero completo. Y cuando se trata de salud, las decisiones “técnicas” no se pagan con balances contables: se pagan con el acceso efectivo a la atención de millones de personas.

Hacia un debate informado y democrático

La salud no es un gasto más ni un costo laboral accesorio. Es un derecho social y un componente esencial del contrato social argentino. Por eso, cualquier modificación que afecte su financiamiento debería darse en un debate amplio, transparente y basado en evidencia.

Reducir un punto porcentual puede parecer poco en una planilla, pero en un sistema que atiende a más de la mitad de la población, ese punto tiene nombre, rostro y consecuencias concretas. Y esas consecuencias deben ser discutidas, no solo entre tecnócratas, sino con la sociedad entera.

* Santiago Quintana es Sociólogo y Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social. Se dedica íntegramente a la promoción, desarrollo e implementación de políticas públicas en salud. Es autor de los libros "Crónicas de lucha; mujeres y hombres que revolucionaron la legislación sanitaria argentina", “Crónicas de Lucha II – historias que revolucionaron la legislación sanitaria argentina” y "CÓDIGO POSTAL; Dime dónde naciste y te diré qué salud tienes, la inmoral inequidad sanitaria porteña".

 

Continuar Leyendo
ANUNCIOS

RECOMENDADAS

Idea y realización: ZOOM CONTENIDOS / Desarrollo web: douhproduccion@gmail.com